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Hola señor Bond - A quince años... - por NICOLÁS SUSZCZYK

1 de julio de 1994. 12:35 hs. Pierce Brosnan atiende un llamado telefónico. Del otro lado de la línea se encuentra Fred Spector, su agente, que le dice las tres palabras que definirían casi una década de su vida: "Hola, Sr. Bond. El rol es tuyo".

Pero la historia comienza mucho antes, en 1981, cuando el Sr. Brosnan era cónyugue de la actriz australiana Cassandra Harris, que participaba del film de Roger Moore, Sólo para sus ojos. Allí fue cuando el actor de entonces veintiocho años asistió, con el obligatorio dinner jacket y bigote, a acompañar a su esposa. El productor Albert R Broccoli, consciente de que pronto Roger Moore debía "jubilarse", comenzaba a ver a Brosnan como un posible James Bond número cuatro.

Moore se retiró en 1985, y el próximo film de James Bond, Su Nombre es Peligro, se estrenaría mundialmente en 1987. Brosnan había conocido al director John Glen, se entrevistó con Broccoli, filmó algunas escenas con Maryam d'Abo (coestrella femenina del film)... pero no pudo ser. La popular serie televisiva Remington Steele, con la que el actor irlandés llegó a la fama, le impidió aceptar el papel, más allá de que los diarios lo habían anunciado a Brosnan y en todas las conferencias de prensa habidas y por haber le preguntaban en qué había quedado su posibilidad de ser Bond. "Entró de mi vida en 1986 y salió de mi vida en 1986", había dicho el actor varias veces, desesperanzado, y desazonado por todos los que lo tidaban como "el hombre que pudo ser Bond y no fue". Hasta su propio hijo le había preguntado en qué momento aparecía mientras proyectaban el film en un avión con destino a Nueva York. El galés de cuarenta años, Timothy Dalton, fue quien finalmente ocupó el rol de James Bond.

Primera foto de Pierce Brosnan como Bond (izq.); En 1986, Brosnan ensaya una escena de Al Servicio Secreto de Su Majestad en una prueba de cámara.

Dalton fue James Bond en 1987 y 1987, en Su Nombre es Peligro y Licencia Para Matar. Mientras tanto, la productora MTM canceló Remington Steele, dejando a Brosnan con alguna que otra película como el film de John McTiernan, Nómadas, la adaptación del thriller de Frederick Forsyth, El Cuarto Protocolo, la serie televisiva La Casa Noble (donde apareció con John Ryhs-Davies, de Su Nombre es Peligro), y El Cortador de Césped, todas ellas mientras en su vida privada sufría ante el desmoronamiento de su mujer producto del cáncer de ovario, que acabaría con ella en 1991. "A ella le hubiera gustado que obtuviera el rol", había dicho más tarde.

Entre 1990 y 1993, un conflicto legal entre Danjaq y MGM/United Artists se disputaban la distribución de los dieciséis films anteriores hubiera bloqueado, dificultado y hasta impedido la realización de una decimoséptima película de James Bond. Aún así, el guión del primer film de James Bond de los años noventa ya se comenzó a escribir de la mano de Michael France en mayo de 1993, escrito con Timothy Dalton en mente, y por ende, repleto de mucha acción y poco humor. El título del proyecto fue GoldenEye, en honor a la quinta de Ian Lancaster Fleming en Ocarabessa, en las costas jamaiquinas.

A la historia original de France, gran admirador de la serie Bond, se le agregaron en 1994 las ideas del guionista británico Jeffrey Caine y de Kevin Wade, que finalmente no fue acreditado. El amigo de la heredera de la producción Barbara Broccoli y su entonces marido Frederick Zollo, Bruce Feirstein, contribuyó fuertemente al guión, haciendo dupla con Caine, mientras que a France se lo acreditó como quien tuvo la idea original.

Timothy Dalton, sin embargo, le dijo que no a James Bond el 12 de abril de 1994. Y es ahí donde los productores Michael G. Wilson y Barbara Broccoli recordaron el nombre de Pierce Brosnan.

Brosnan acomoda su tacto a la Walther PPK de James Bond (izq.), y responde las preguntas de la prensa durante su anuncio el 8 de junio de 1994. (der.)

Ni bien comenzó junio de 1994, el destino saldó la deuda que tenía con Brosnan desde hace ocho años: interpretar a James Bond, el espía británico que lo alejó de sus dramas familiares de su infancia en 1964 (A los once años vió Goldfinger, con Sean Connery), que lo tentó a la fama en 1986 y que ahora, en 1994, se fusionaría con su persona. Garth Pearce, autor del libro The Making of GoldenEye, recuerda que, sin embargo, Brosnan no se puso eufórico al enterarse de la noticia. "Sabía que cuando se fue Timothy (Dalton) pensarían en mí, (...) pero yo seguí con la cabeza en el trabajo", había dicho.Y es lógico. Tras una gran desilución, no podía volver a cantar victoria erroneamente.

Los guionistas Feirstein y Caine se encargaron de "brosnizar" el guión, al que, como ya hemos dicho, France le había dado aires "daltonianos". El mundo había cambiado: La Unión Soviética no existía, el Muro de Berlín cayó, y los héroes de acción contemporáneos se ocupaban de combatir a carteles de droga. El duo actualizó el guión sin eliminar la idea original de France: La relación entre James Bond y el pérfido y anglofóbico agente 006, Alec Trevelyan.

Llegó el 8 de junio de 1994. En el Regency Hotel de Londres, las temblorosas manos de los sesenta fotógrafos y 250 periodistas preparaban sus cámaras y sus grabadores mientras los productores Wilson y Broccoli se hallaban sentados en la mesa, de espaldas a un cartel con el logo de James Bond. La prensa y los fans de todo el mundo esperaban este momento: la resurrección de James Bond, que despertaba después de casi seis años de coma.

"Señoras y señores, el nuevo James Bond... El Sr. Pierce Brosnan".

Al escuchar esa frase, el bonachón irlandés, tal vez algo nervioso, camina los pocos metros que lo distancian de la mesa que compartirá con los prodcutores. Acciones que en los videos parecen de pocos segundos, pero que a él le parecieron "en cámara lenta". Las cámaras lo acosan, pero él, ataviado en un traje negro y una corbata gris a lunares, con el pelo largo y la barba un tanto crecida, mira confiado y sonríe en agradecimiento. Agradecimiento a la vida, al destino, o tal vez a su amada Cassandra, que le manda una bendición desde el cielo.

Pierce Brosnan luce su smoking Brioni en GoldenEye (izq.), y saluda al Príncipe Carlos en la première real del film, en noviembre de 1995 (der.)

El mundo está alegre. Los fans también, sabiendo que su héroe no morirá. Y desde hace quince años, desde aquella semana de junio del '94, a Brosnan se lo ve sonreir en las entrevistas posteriores. Hasta su última participación en Otro día para morir confesó haber "vivido la vida de un príncipe". Más allá de alguna que otra disputa con la familia Broccoli, tiene un buen recuerdo del personaje.

Viajando en el tiempo tres lustros hacia el pasado, descubrimos que se cumple eso de que "todo llega para aquellos que saben esperar", y más aun, la frase que Michelline Connery le dijo a su marido Sean cuando volvió extraoficialmente como Bond en 1983: "Nunca dijas nunca jamás".

La mitad de todo es la suerte. La otra mitad, el destino. La frase que France, Feirstein o Caine ponen en bocas de Bond y su entonces aliado agente 006 representan, quizá de manera accidentalmente irónica, los sucesos que este irlandés vivió desde que la llama Bond lo iluminó en 1986. La suerte no quiso que en que ese año Brosnan fuera Bond, pero el destino, que todo lo determina, impartió adecuadamente justicia y le dió la posibilidad de que en ese junio de 1994, Pierce Brosnan, fuera James Bond. Estaba escrito.

Nicolás Suszczyk