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Figurita repetida - Por NICOLÁS SUSZCZYK

Un héroe del séptimo arte (y de tantos otros) como James Bond no pudo dejar de ser imitado en todo el mundo por miles de artistas. Tanta es la grandeza que los films de James Bond dejaron en su pasado que ni el mismo Bond puede dejar de imitarse a sí mismo. Otro día para morir, el último film que protagonizó Pierce Brosnan, tenía referencias a los diecinueve films anteriores de tal forma que parecía, en algunos secntidos, que se hubieran recortado escenas de los mismos y se hubiera hecho un coll

El saco del smoking de Daniel Craig (izq.), se asemeja mucho al que Sean Connery usó en Dr. No (der.).

Dominic Greene, un alto miembro de Quantum, la organización criminal, mantiene una conversación con otros miembros de la misma organización. ¿Lugar elegido? La ópera flotante de Bregenz, en Austria, donde representan la clásica obra de Giovanni Puccini, Tosca. Mientras la gente está absolutamente concentrada en los acontecimientos de la obra, Greene discute sus siniestros planes con la ayuda de discretos micrófonos y auriculares. "Creo que deberían haber elegido un lugar mejor para reunirse", dice una voz. La voz de James Bond, que viene siguiendo a Greene desde Haití. Mientras Greene y su gente huye, al ser descubiertos, Bond tiene tanta mala suerte de toparse con los matones de éste cerca del salón comedor, donde se desarrolla un fugaz tiroteo. Mientras la gente (incluyendo al Sr. White, el más prudente de los miembros de Quantum) observa el fusilamiento de Mario Caravadossi y el asesinato del Barón Scarpia a manos de Floria Tosca, escaleras abajo Bond corre, salta y dispara, hasta terminar en una azotea con uno de los guardaespaldas de Greene (al menos él cree eso). "Te pregunté para quién trabajabas", amenaza al hombre, en la cornisa de la azotea. El guardaespaldas intenta hacer un movimiento, pero Bond ejecuta un rápido movimiento y lo deja caer... ¿Es la primera vez que vemos eso?

La espía que me amó (arriba), y Quantum of Solace (abajo). Dos escenas muy similares.

Respuesta: No. La espía que me amó tenía una escena muy similar, donde Bond perseguía a Sandor, asesino al mando de Karl Stromberg. Tras un combate, era también arrinconado en una cornisa y su única conexión con la vida era la corbata de James Bond, la cual debe soltar por un canto de mano que el agente efectúa. Este no es el único tributo al décimo film de James Bond. La caminata por el desierto boliviano, con Camille y su vestido negro, y Bond con su saco y camisa ensangrentados tras abrazar el cuerpo del moribundo Mathis, nos remite a cuando 007 y Anya Amasova buscaban alguna manera de llegar a El Cairo cuando la empaquetadura del cilindro de su camioneta falla. De cualquier forma, en ambos casos las parejas logran llegar del desierto a la ciudad: Bond y Anya en un íntimo bote por las tranquilas aguas de Egipto, y Bond y Camille en un incómodo colectivo por la ruta al caer la noche.

Tenemos que recordar que Bond y Camille quedan varados en un sumidero del desierto boliviano cuando el avión DC3 que ambos abordaban es hundido por las tropas del General Medrano. Ambos deben compartir un paracaídas, pero cuando Bond se distancia de Camille, la portadora del paracaídas, en el aire... ¿Qué hace? Se moviliza tratando de violar la fuerza de la gravedad para alcanzar a Camille, como Roger Moore había hecho en 1979 cuando interpretó a James Bond en Moonraker.

Oro versus petróleo: (arriba) Un final dorado para Jill Masterson, que compite con el de la Agente Fields (abajo).

No mucho después, Bond regresa al Gran Andean, el hotel cinco estrellas donde se hospeda en La Paz. Corre hacia su habitación despues de ver un mensaje con la leyende "¡Corre!", escrito por su colaboradora Strawberry Fields, a quién encontrará bañada en petróleo de pies a cabeza, mientras tolera los sermones de M, presente allí con sus guardias para arrestar a Bond, considerado un peligro por la CIA por meterse con un tipo "digno" como Greene. El cuerpo de Fields bañado en petróleo es un intencional homenaje al cuerpo de Jill Masterson cubierto en pintura dorada por orden del villano Goldfinger en la homónima película. En 1964, la escena había llevado a la fama a Shirley Eaton, la actriz que interpretó a Jill. Apareció en la tapa de la revista Life del 7 de diciembre de 1964. Con Gemma Arterton, que encarnó a Fields, no ocurrió lo mismo. Los jóvenes que en 1964 abrían sus ojos lo más que podían ante el asombro de ver un cadáver dorado en una cama no se compara a cuando alguien entra a internet y ve la foto que el fotógrafo Greg Williams envió al sitio web del Daily Mail. Es tanta la obviedad del homenaje que hasta Williams decidió tomar la misma foto con las manos de un asistente mostrando un fotograma de la escena más famosa de Goldfinger. La persecución entre el Aston Martin DB5 y los Rolls Royce del villano en el tercer film de la serie ya había sido homenajeada en la persecución aérea, cuando Bond aprovecha el humo que se desprende del ala de su DC3 para cegarle el campo visual a los jets que lo persiguen y lograr que se estrellen.

La mala educación: Bond bebe cerveza de la botella en Quantum of Solace (izq.), pero en De Rusia con amor (der.) lo "salvó la campana".

Un film de la magnitud y excelencia de De Rusia con amor no podía dejar de ser homenajeado en Quantum of Solace. Eso vemos en la escena en la que Bond se encuentra con Felix Leiter en un bar, mientras toman cerveza. Mientras en unos escasos treinta segundos (el tiempo que tiene Bond antes que la gente de la CIA lo persiga) Leiter le explica a 007 el pacto entre Greene y el ex dictador Medrano para tomar el gobierno, el agente se da el "lujo" de tomar la cerveza... de la botella. Y lo hace. Mientras en 1963, cuando se estrenó De Rusia con Amor, el Bond de Sean Connery era interrumpido cuando en un campamento gitano estaba a punto de tomar aguardiente de la botella, el Bond de Daniel Craig se toma la libertad de hacerlo. Cómo vuela el tiempo. Es que ahora estamos en 2008, y el único que podría criticar a alguien por beber de la botella (algo abominable en 1963) sólo podría ser un abuelo o algún tío que haya pasado las cinco décadas de su vida.

Cuando un thriller llega a su fin, debe tener una escena de acción. Quantum of Solace tiene dos: en un hotel incendiándose, Bond combate a Greene, que lo ataca con un hacha (sí, como Max Zorin en En la mira de los asesinos), y Camille a Medrano, el responsable de matar a su padre y hermanas. Los combates en cuestión son interpolados como sucedía con Bond/Gustav Graves y Jinx/Miranda Frost en Otro día para morir. Por cierto, Bond había usado dos veces la frase "unfinished bussiness" (negocios inconclusos). Quantum of Solace supone la tercera.

Los títulos de crédito también homenajearon a films previos: algunos fotogramas recuerdan a Moonraker, Los diamantes son eternos y otros a Sólo se vive dos veces. Y su apariencia animada al film precedente, Casino Royale.

Los títulos de crédito de Sólo se vive dos veces (arriba, izq.) y Casino Royale (arriba, der.) tienen su punto de comparación con los de Quantum of Solace (abajo).

Habiendo listado los homenajes más importantes del vigésimosegundo film de James Bond a sus predecesores, se podría hacer una reflexión sobre el destino del personaje de aquí a los próximos diez años. ¿Se volverá James Bond un agente más serio, ingenioso, brutal y con menos glamour? ¿O volvemos a los tiempos de Roger Moore y Pierce Brosnan, con guiños y gadgets irrisitorios? Lo más probable es la segunda opción, dada la volatilidad de la gente. Cuarenta años antes, un film al estilo de Al Servicio Secreto de Su Majestad, un film con una orientación más novelesca y con poca pirotecnia en la acción, la gente pedía a gritos un Bond cómico e irónico, con inventos sorprendentes que le salven la vida en los últimos minutos del final (en el cual iba, obviamente, a terminar acostado con la chica). Así llegó Los diamantes son eternos y la serie de Roger Moore, que fue altamente criticada porque el personaje devenía en una autoparodia. Después llega Timothy Dalton, un Bond demasiado serio y poco glamoroso. Y la gente extrañaba al Bond de antes. Y se estrena GoldenEye con Pierce Brosnan en 1995, en cuya era habría seriedad, pero demasiadas explosiones, según los "molestos de siempre". Casino Royale, con Daniel Craig, reinventó al personaje, y el argumento de la misma acabó en Quantum