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May Day: ¿The one?


¿Sería una hipótesis arriesgada decir que muchos hombres gustan de las películas de James Bond sólo por sus mujeres? Me viene a la mente el gesto inigualable de Connery cuando se despierta y ve a Pussy Galore: “Debo estar soñando”, dice. Ah, aclararemos que esta belleza es lesbiana en el libro de Fleming, y a la cual por supuesto Bond es capaz de hacer que le gusten los hombres.

Lo cierto es que después del fracaso de taquilla de la era Dalton, los productores se replantearon el rumbo de la serie. Eran ya los años noventa cuando entra Pierce Brosnan a la zaga, produciendo una verdadera revolución: M es ahora la notable Judi Dench (“es usted un dinosaurio machista y misógino, una reliquia de la guerra fría”, le dice la jefa y Bond permanece impávido) y son ahora las mujeres las que lo abofetean a al agente secreto más célebre. Son mujeres con “tareas importantes” como la experta en satélites Natalia Simionova, a la que Bond llega a decirle “Sí señor…”, o llegan al extremo casi absurdo de ponerlas a su altura (ver el póster de Die another day), son mucho más que partenaires que lo ayudarán a salvar al mundo, lo cuestionan, tratan de desnudar la veta humana de Bond que parece tapada con amianto.

En Casino Royale Bond (Bond 21, con un giro de tuerca inusual) se “sensibiliza” y pareciera que se conmueve o quasi enamora a tal punto que trata de rescatar la aparentemente inofensiva Vesper, a pesar de la traición.

Ahora bien, quien esto lea dirá, ¿a qué viene toda esta introducción? Se trata ni más ni menos que de homenajear a la Bond girl quizás más impactante: la inusual y fuera de serie May Day. ¿Por qué habría de calificarse así? Por su aspecto, su físico, su accionar dentro del film A view to a kill, el último film de Bond Moore, quien no necesitaba mostrar un físico trabajado o tomas estrafalarias del director del film porque simplemente era apuesto y elegante, y muchas veces con una mirada o el británico humor todo lo solucionaba.

La última de Moore, la consagración de May Day

Hay una serie de discusiones o debates acerca de cómo Albert Broccolli manejaba la serie, su invención magistral, su propio negocio. Es así que muchos sostienen que si Roger Moore aparece en A view to a kill es sólo porque era amigo de él.

¿Podría ser cierta aquella idea? Tal vez. A Moore se lo ve ya maduro, a pesar de que tenía 56 años, no era un anciano ni muchos menos. Pero no por eso el film es descartable o es un típico tapiz 007, ni más ni menos porque el villano es excelente, y May Day es brillante. Esta única Bond girl es caracterizada por la actriz y cantante talentosa negra Grace Jones (si alguien puede o quiere que mire el video clip “Slave to the rithm”, en que Jones abre la boca y entra un Citroën AX en su boca y élla termina suicidándose). Esta ninfa posee un cuerpo escultural, muy esculpido, casi masculino, amén de unas piernas larguísimas y un corte de cabello estilo “cepillo” también propio de un hombre.

A los críticos en general y a gran cantidad de fans no les cae en gracia el film. Sostienen que es lisa y llanamente “aburrido”, o argumentan en contra de Moore afirmando que “ya está viejo”.

Lo cierto es que May Day no sólo parece llevarse las palmas en A view to a kill, sino que puede que sea la Bond girl más audaz, intrépida y arriesgada, toda una visionaria, si lo comparamos con las que vienen luego a lo largo de la serie (¿la sadomasoquista Xenia Onatopp podría sacarle el puesto? No.) La avasallante figura de May Day hace cosas tales como practicar Kick boxing con el villano, dominar con si fuera un gatito fiel a un brioso y descontrolado caballo en el hipódromo de Londres, protagonizar una espectacular persecución en la inigualable Tour Eiffel, la que termina con ella arrojándose al vacío y dejando a Bond Moore con su expresión habitual de asombro.

Pero hay otro rasgo o una cuestión que no hacen de A view to a kill una película “más” o diferente: la masculina May Day se acuesta con Bond previa anuencia de su amante (el villano Max Zorin).

Pongámonos a pensar, hagamos un background: ¿Cuántos films masivos hay donde una persona de piel negra hace dupla o pareja o tiene relaciones con otra de piel blanca? Una vez más, Bond un paso adelante. O, en este caso, un rasgo o hallazgo del iluminado Albert Broccolli, quién cuidaba hasta el último detalle. La escena es única: un Moore que luce avejentado para muchos esboza su habitual gesto de ironía británica. Directamente levanta las sábanas invitando a May Day a un encuentro sexual. Demás está decir que estas cuestiones puede ser que hagan que niños, mujeres, hombres de todas las generaciones se vean seducidos por la zaga de Bond. La capacidad de asombro parece no tener límites…

Lo cierto es que May Day termina mal. En una especie de tragedia griega, una heroína particular, al preferir retirar los explosivos del proyecto nefasto de Zorin de querer destruir Silicon Balley. Se inmola como la Antígona de Sófocles y demuestra por qué es tan diferente a las demás Bond girls.

May Day; tal vez la Bond girl más avasallante, carismática, en una época en que brillaban por su ausencia las imágnes digitalizadas, los celulares de alta gama, las notebooks o los autos de avanzada con mapas satelitales cargados en la computadora de a bordo. Una vez más, la serie Bond, fuera de serie

M.Virginia Sánchez

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