Novedades

SÓLO PARA SUS OÍDOS (For your ears only)

Bien podría decirse que, por cuestiones cronológicas, soy un contemporáneo auténtico de Bond. Todos mis amigos de la página también, por cierto, pero algunos empezaron con Roger Moore o Lazenby... posteriormente, se incorporaron los de la era Dalton o Brosnan... Lo de Craig es tan reciente que apenas están comenzando a vislumbrarse los nuevos adictos.

Pero mi caso es distinto: yo comencé a disfrutar a 007 bajo el aspecto del agente formal e implacable que nos arrojaba la imagen de Sean Connery. Aunque también había en esas primeras películas otros elementos que me subyugaban: los trucos aportados por el inefable “Q”, las escenas de presentación de cada aventura y... la música... esa hermosa música, que surgida de la batuta de John Barry ilustraba cada escena con la misma eficacia que un pintor plasma sus colores en un cuadro. Y cuando escuchábamos esos temas incidentales, no podíamos menos que afirmar que ese... ese era Barry, indudablemente. Su música acompañó a Bond en gran cantidad de filmes y en –quizá– sus mejores aventuras: desde Dr. No hasta Living Daylights, pasando por From Russia with love, The man with the golden gun, Octopussy y Thunderbolt; de Goldfinger hasta A view to a kill, pasando por You only live twice, Diamonds are forever, Moonraker y On her Majesty’s Secret Service (a mi juicio, la mejor banda sonora de todos los filmes de Bond).

Curiosamente, el mismo Barry solía seleccionar junto con la producción a quienes serían los artistas encargados de cantar el tema central de cada película. Y así desfilaron las voces de Shirley Bassey (en 3 oportunidades), Matt Monro, Nancy Sinatra, Tom Jones (en la más acertada descripción del personaje de JB), Lulu, Louis Armstrong, Rita Coolidge y grupos modernos como Duran Duran y Aha. Y en todas esas melodías, se notaba la influencia del maestro John Barry (por lo general co productor y arreglador del tema), percibida a través del inconfundible sonido Bond, que filtraba esos compases del tema de 007 entre los acordes de cada canción, porque aun cuando se tratara de una balada romántica o de una melodía pop, todos presentíamos ese sonido característico que nos decía: es un tema Bond... es una melodía Barry (algo que no ocurre con Die another day, el tema central más anti-bond de toda la serie, mal que les pese a Madonna y a sus seguidores).

Por eso, cuando escuché las primeras noticias sobre ciertas desavenencias entre los productores y Barry, comencé a “sufrir a cuenta”, pues me imaginaba lo que se venía. No fueron malas las experiencias Bill Conti (For your eyes only), Marvin Hamlisch (The spy who loved me) y Michael Kamen (Licence to kill), y muy buena, a mi entender, la de Paul McCartney, bue... mejor dicho George Martin (Live and let die).

El desastre llegó de la mano de Eric Serra (Goldeneye), plasmado en una banda sonora inaudible (por el bajo volumen) e inaudita (porque nunca escuché nada peor a excepción del tema cantado por Tina Turner), que luego dio paso a la incorporación de quien dicen que es un aventajado discípulo de Barry y fue recomendado por el propio maestro: David Arnold, quien hasta hoy sigue siendo el musicalizador exclusivo de las películas de JB.

De todas formas, quienes nos consideramos seguidores incondicionales de James Bond

–no importa qué actor lo interprete– estaremos siempre esperando su próxima aventura y abriremos bien los oídos para apreciar la música que secunda su acción, aunque en el fondo de nuestros corazones, siempre nos parecerá estar escuchando la descriptiva música del verdadero creador del “sonido Bond”: Barry... John Barry.

Esteban Giménez.