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Todo el tiempo del mundo - por NICOLÁS SUSZCZYK

Dedico este artículo a mis compañeros de curso y a todo el colegio Divino Corazón, por haberme hecho pasar unos cinco años maravillosos.

Finalmente llegamos al final de esta gran aventura.

"I never left..."

N.S.

Hemos llegado al final de este repaso conmemorativo sobre Al Servicio Secreto de Su Majestad, el film más controversial de James Bond que en este mes cumple 40 años.

Seguramente muchos se preguntarán por qué esta sección de diciembre la titulé "Todo el tiempo del mundo". La cuestión, es muy sencilla: escribir en primera persona, y dar un punto de vista altamente subjetivo y sobre todo personal sobre el film.

Los lectores del sitio sabrán que llevo más de diez años (casi la mitad de mi vida) como Bondmaníaco. Mi film favorito es GoldenEye y mi Bond favorito Pierce Brosnan, el primer film de Bond que vi en el cine fue El Mañana nunca muere y soy integrante de BondCollection desde poco después de su creación, en 2003.

Ahora, ¿Cuales fueron mis experiencias con la sexta película de la serie?

Mi primer contacto con el film fue, según mi cuaderno de clases de segundo grado de primaria, un lunes 12 de octubre de 1998. Allí está escrito, bajo la fecha martes 13 de octubre, cumpliendo con la consigna "¿Cómo me divertí el fin de semana largo?", junto con otras actividades, "Vi una película de 007: "Sectret Service on Her Magesty's" "(sic).

Gunbarrel: ¡James se arrodilla! ¿que tul?

Yo sabía que había una película de Bond donde actuaba un actor que no era Connery, Moore, Dalton o Brosnan, un tal Lazenby. Ni idea quien era, pero el film me llamó la atención y Al Servicio Secreto de Su Majestad fue el film elegido para ver esa tarde en la casa de mi abuela materna (no tenía videocassetera en ese entonces).

Y de repente veo la secuencia de gunbarrel: el tipo (Bond, es decir Lazenby), dispara arrodillado. Salva a una chica del suicidio y pelea con unos matones en la playa (a todo esto el comentario de mi abuela: "Qué bueno es saber artes marciales"). Llegaron los títulos de crédito. Qué cosa rara, pensé, tienen una canción únicamente instrumental y pasan imágenes de los films anteriores. Bond renuncia, y al final no renuncia. Viaja a Suiza y se viste con pollera. Blofeld lo descubre y después veo una de las secuencias de esquí más fascinantes de toda la serie (risotadas al unísono mías y de mi abuela cuando James arroja al matón por el acantilado). Unos cuantos minutos después... ¡James Bond se casa! y... ella muere. Así termina la película. ¡Así termina la película! Yo no lo podía creer, ¡¿Cómo puede ser que Bond pierda?! ¡Bond tiene que ganar!, pensaba.

El final trágico era un motivo por el cual al film lo detesté mucho tiempo. James triunfaba en GoldenEye y El Mañana nunca muere. También en El Hombre del Revólver de Oro y en Moonraker. Y en Su Nombre es Peligro... pero cómo puede ser que la chica muera. Un niño de ocho años no está preparado para un final trágico en un film de acción. Yo no lo estaba, no porque Tracy haya muerto, sino porque Bond quedaba como un perdedor. El villano había sobrevivido y matado a la chica. Y 007, el as de los espías, ahí, con los ojos empañados, shockeado e inactivo.

Un dibujo de Piz Gloria, hecho con acuarelas en 2006.

Con los años llegué a no querer el film, y menos a George Lazenby (a alguien tenía que culpar). No obstante crecí y aprendí a desmitificar a Bond. A saber que él es de ficción, pero es humano, y como buen humano puede tropezar. Con el paso del tiempo noté que el film es realmente muy bueno técnicamente, y que es la adaptación más fiel a Fleming que existe. Comencé a amar su música, obra del maestro Barry. Y todo lo demás.

Llegó este año y tomé mucha más conciencia sobre la importancia histórica de la película: fue estrenada en 1969, el último Bond de los '60. Viendo la historia de la serie noté que después de Al Servicio Secreto de Su Majestad los films fueron muy distintos, por lo que esta película sirve como cápsula de las previas aventuras, y que se trató, posiblemente, del primer fin de una era en la historia de James Bond. El hecho de hacer una aventura estrictamente seria y dramática obligó a los productores a ironizar las aventuras de los años '70, como Los diamantes son eternos y Vivir y dejar morir, que dió inicio a la simpática era de Roger Moore.

Bond esquía en Suiza, esquivando las balas de los hombres de Blofeld. El autor de la nota, esquiando en Bariloche, esquivando egresadoss.

Y me dí el gusto de vivir una experiencia bondiana que me debía desde hace rato: esquiar. Un aviso para todos los fans de Bond: escuchar el tema del film en la cabeza mientras se esquía es muy frecuente, pero no podemos esquiar tan bien como James.

Recientemente viajé a Bariloche, Rio Negro (al sur del país) y, acompañado por mi grupo de egresados, me arrojé por una pendiente (obviamente, de las fáciles). Fue hermoso, me creía Lazenby... hasta que quise frenar los esquíes. Puse los pies de cuñas, como me aconsejaron, pero los esquíes se cruzaron y me caía una y otra vez. Y en un momento casi se me pierde un palo. Es muy dificil esquiar. Aún así, la experiencia es hermosa y muy recomendable.

Pero una de las coincidencias más llamativas es el hecho de escribir sobre una película que termina una era de Bond, cuando yo termino una era de mi vida: en poco tiempo egreso del secundario, tras haber pasado cinco años con un curso maravilloso y un excelente grupo humano.

Pero volviendo a hablar del film, puedo decir que descubrí en el un Bond verdadero y humano, lo que muy rara vez se vió a lo largo de los años. un héroe descorazonado. Alguien que podía empezar una vida nueva y que tenía la esperanza de tener una vida común. Una esperanza destrozada por su profesión. Esto hace al film muy especial.

Al Servicio Secreto de Su Majestad termina con el golpe más duro para el agente secreto: el asesinato de su esposa Tracy.

Y acerca del dramático final puedo decir, con diecinueve años, que muchas historias no siempre tienen un final feliz, pero a veces tienen un desarrollo tan interesante y tan vívido, que uno se termina olvidando si algo termina mal y comienza a sopesar lo bueno de la historia. Y eso es lo que pasa con este film: tiene una historia muy buena y, después de todo, el final dramático no es tan malo. Nos demuestra que el film rompe las reglas de una manera muy positiva y que Bond también puede perder.

Quiero aprovechar este espacio para agradecerle a los lectores del sitio por su atenta lectura a mis notas, y aprovecho para nuevamente dedicar esta nota a mi familia y especialmente a mis compañeros de curso que me acompañaron todo este tiempo y que fueron testigos de mi (fallida) imitación de Lazenby en el Cerro Catedral.

Me despido, y realmente espero que hayan disfrutado esta recorrida sobre el magnífico sexto film de la serie.

Un clásico que merece todo el tiempo del mundo.

Nicolás Suszczyk