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Humor Bond - por NICOLÁS SUSZCZYK

Si hay algo de lo que un film de acción no puede prescindir es algún toque de humor. Cualquier obra cinematográfica con escenas de riesgo que se precie por lo general tiene toques humorísticos, usados muchas veces con el objeto de relajar la tensión del espectador, con un humor oral o gráfico.

Cuando los ejemplares de Casino Royale se dejaron ver en las librerías londinenses el 13 de abril de 1953, aquellos intelectuales que pagaban un par de libras esterlinas por la ópera prima de Ian Fleming, espía devenido en autor, se encontraron con una novela corta, oscura, violenta, y a su vez entretenida, cargada de acción. La obra estaba dotada por un ambiente dramático en medio de un clima elegante, en situaciones de la buena vida. Tan fuerte eran las dramáticas vivencias de James Bond en la novela que no daban lugar a risas en el espectador. Las siguientes novelas del autor británico tuvieron algunos leves matices más humorísticos, como se ve en los ribetes racistas en Vivir y dejar morir (1954), los insultos de Bond a Hugo Drax en Moonraker (1955), defectos físiscos de los villanos en Los diamantes son eternos (1956), y acusar de sucios a los ciudadanos rusos en De Rusia con amor (1957).

A principios de los sesenta, el proceso de llevar a Bond al cine comenzaba a concretarse, gracias a la sociedad del canadiense Harry Saltzman y el norteamericano Albert R Broccoli, que, junto con la distribuidora United Artists estrenaron en octubre de 1962 la primer aventura cinematográfica de James Bond, Dr. No, cuyo papel estelar protagonizaría Sean Connery.

. Combate entre Bond y el Sr. Jones en Dr No (1962)

La producción fue dirigida por el británico Terence Young, encargado de refinar a Connery para que fuera "adecuado" en el papel, dado la inseguridad de Fleming en el actor escocés. Young aconsejó a Connery recurrir a la ironía, a ser impasible al lanzar frases ácidas, y a transmitir a la audiencia un humor visual y discreto, sin exagerar de el ni abandonar la dureza y la frialdad ante la inescrupulosa labor de un agente doble cero del servicio secreto de Su Majestad británica.

Así, en Dr. No, Bond cambia el carácter de su vuelo a Jamaica de "inmediato" a "casi inmediato" cuando Sylvia Trench se cuela en su departamento, le advierte a un guardia de la casa de gobierno jamaiquina que se "asegure que no se escape" el cadáver de un enemigo que había enfrentado, y hasta le dice al villano del título que antes que unirse a su organización se uniría al departamento de venganza.

Terence Young volvió a dirigir la segunda aventura fílmica de 007, De Rusia con Amor (1963). Volvió Sean Connery con su sigilosa gracia: le dice a Moneypenny que está "revisando un viejo caso" mientras está de picnic con Sylvia Trench, piensa que Rosa Klebb "metió la pata" al querer matarlo con una navaja envenenada en la punta de su zapato, y le pregunta a un triunfante Red Grant "¿De qué manicomio te sacaron?".

El humor de Bond se volvió más gráfico y esplendoroso en la aventura número tres de la serie, Goldfinger, dirigida esta vez por Guy Hamilton, un director mucho más abierto al humor que Young, que permitió que Bond, tras electrocutar a un matón, comentara fríamente: "Chocante, definitivamente chocante". La frivolidad de Bond al laborioso trabajo del armero Q, y la furia de éste por la destrucción de sus inventos tras ser usados por el agente, establecieron el patron de la relación Bond/Q por los siguientes años. Las provocaciones al villano Auric Goldfinger ("Ya veo, le molesta que no le de la revancha" - le dice Bond cuando su enemigo lo amenaza tras perder el partido de golf) y las insinuaciones a Pussy Galore ("Tenemos que practicar unas caídas juntos" - comenta cuando ella lo ataca mientras Bond espía a Goldfinger), junto con el humor gráfico (el asiento eyector del Aston Martin; una anciana que dispara una ametralladora contra el automóvil de Bond; y las sonrisas del agente al guardia coreano que lo apresa), constituyeron la impronta de este agente secreto sesentista, que tres décadas después sería el leit motiv que parodiaría Austin Powers, el cómico espía interpretado por Mike Myers.

007 y Pussy Galore, poco antes de practicar "unas caídas juntos" en Goldfinger (1964)

"Espera a que conozcas mis dientes", musita 007 cuando la bella Domino elogia su aguileña mirada en Operación Trueno, dirigida nuevamente por Terence Young en 1965. El guión del film mantiene las líneas de tensión y dramatismo propias del director británico, pero parece haberse influenciado sin duda alguna por las olas de humor del film anterior, que dirigió Hamilton y supuso el gran salto a la fama de la serie. En el film aparecen más situaciones humorísticas propias de Connery: arrojarle al cadáver de Jacques Bouvar flores tras eliminarlo, burlarse de un tiburon tras zafar de sus mandíbulas, con el comentario de "Lo siento, viejo. Mejor suerte la próxima", y decirle a Emilio Largo que no sabe de escopetas, "pero sí un poco de mujeres", tras observar que su escopeta es apropiada para una mujer. Y le dice a Patricia Fearing que "estaba haciendo un poco de ejercicio" cuando se deshace de un agente de SPECTRE en el sanatorio Shrublands. Pero lo que es imposible olvidar es cuando sienta el cuerpo muerto de Fiona Volpe, que recibe una bala destinada para el en un club de baile, y le pregunta irónico a los comensales "¿No dejan que mi amiga se siente un minuto aquí? Está muerta".

James Bond volvió en 1967 con Sólo se vive dos veces, filmada mayoritariamente en Japón y dirigida por Lewis Gilbert, conocido en la época por dirigir la versión original de Alfie. En el film, Bond desarrolla con más verborragia su humor, evidenciando la confianza de un Sean Connery que ya se encuentra establecido en su rol, factores demostrados cuando prueba un trago de vodka tras vencer a un fornido guardaespaldas, y descubre sorprendido que había probado "vodka siamesa". Asimismo, comentará que la eficiencia del Servicio Secreto Japonés es "sólo una gota en el océano" cuando el Tigre Tanaka, directivo de la organización, arroja al mar, con la ayuda de un imán, un automóvil que perseguía a Bond. Además, osa burlar a Ernst Stavro Blofeld cuando, cual Macbeth, el villano dice que su fallido plan es "inexpugnable". Otros agentes de SPECTRE son también víctimas del humor de Bond, como la sensual pelirroja Helga Brandt, que al capturarlo le dice "Te tengo en mi poder". Respuesta de Bond: "Aprovéchate". La recompensa de Helga, una fuerte cachetada, la primera que 007 recibe de una mujer.

Los "ángeles de la muerte" de Blofeld se divierten con Bond en la única participación de George Lazenby, Al Servicio Secreto de Su Majestad (1969)

Al Servicio Secreto de Su Majestad fue el film de James Bond que cerró la década del '60, llevándose también su humor. Protagonizada por George Lazenby, dada la ausencia de Connery, la caracterización de Bond fue menos aventurera y más emocional, siguiendo muy estrictamente la homónima novela que Ian Fleming escribió en 1963. Lazenby recordó décadas después del film que los productores y el director, Peter Hunt, le habían aconsejado replicar lo mejor del humor de Sean Connery. Así vemos a 007 pasándole factura al cuerpo inconsciente de un matón negro que venció en un combate en el cuarto de un hotel, que acabó destrozado: "Rompepuertas. Tú te encargarás de limpiar el desorden", dirá antes de identificar con su paladar el caviar Beluga que fue enviado al cuarto. Indirectamente se burlará de la obesa Irma Bunt, secretaria de Blofeld, al decir que el orígen de su apellido es "la parte más hinchada de una embarcación". Haciéndose pasar por un heraldo asexual para infiltrar la fortaleza de Blofeld en los alpes, donde se internan jóvenes bellezas de todo el mundo, le dice a cada una, al momento de intimar, que normalmente no le gustan las mujeres, pero ella es una excepción. El verdadero objetivo de éste Bond, en realidad, es sacarles información (y algo más) sobre las actividades del lugar.

Dado que Al Servicio Secreto de Su Majestad falló en comparación con otros films de la serie en cuanto a ingresos económicos, los productores decidieron llevar a la pantalla un film a la altura de